La primera queja de Habacuc (1:
1-4)
¿Hasta cuándo, Señor, he de pedirte ayuda sin que tú me escuches? ¿Hasta
cuándo he de quejarme de la violencia sin que tú nos salves? ¿Por qué me haces presenciar calamidades? ¿Por
qué debo contemplar el sufrimiento? Veo ante mis ojos destrucción y violencia; surgen
riñas y abundan las contiendas. Por lo tanto, se entorpece la ley y no se da curso a la justicia. El impío acosa
al justo, y las sentencias que se dictan son injustas.
El profeta menor Habacuc, es
también conocido como el profeta del “Hasta
cuándo” debido a cómo se enfrenta en oración y queja hacia Dios. Pero pocos
conocen que el significado de Habacuc es “El que abraza” aludiendo al consuelo
que Dios entrega a la misma oración y queja del profeta.
Si analizamos un poco el contexto donde Habacuc escribe
este libro, nos encontraremos con una civilización no muy distinta a la cual
vivimos hoy en día. Siendo también contemporáneo al del profeta Jeremías,
Habacuc se encuentra frente una sociedad turbulenta, donde la presión social, el
mal uso del poder político y legislativo y el propio comportamiento
desobediente ante la Ley de Dios del pueblo de Israel, mantenían el corazón del
profeta inquieto, dolorido y sofocado, por lo que decide hacerle la siguiente pregunta
a Jehová ¿Hasta cuándo, Señor, he de pedirte ayuda sin que tú me escuches?... ¿Le han hecho alguna vez esta pregunta a Dios?
Yo la he hecho en más de una ocasión.
Habacuc, observaba a su
alrededor un caos social (cómo no
relacionarlas cuando miramos las noticias o leemos los periódicos) y se
preguntaba ¿Dónde está Dios? La tiranía de los reyes injustos, las cortes
corrompidas y deshonestas.
El sentimiento de Habacuc, frente
a los acontecimientos, fue apreciar que Dios estaba ausente e indolente frente
a todo lo que veían sus ojos. (Un sentimiento similar al de Job) y entonces
decide “encarar” a Dios.
A lo largo de mi corta vida,
me he encontrado a mí misma encarando a Dios desde la rabia y la impotencia, y
he escuchado el silencio de Dios por largos años, de los cuales mi corazón
estuvo oprimido, desolado y el gozo de la Salvación había decaído. No me centré
en lo que Dios quería hacer al permitirme vivir en ese caluroso desierto, no me
percataba que Él era la fuente, sino más bien buscaba el agua en oasis
imaginarios, provocados por el delirio.
Si bien Habacuc abrió su
corazón y pudo expresarle, desde sus entrañas, sus desesperadas preguntas a Dios,
esto no quedó sólo en una larga lista de quejas y cuestionamientos, si leemos
completamente el libro, nos vamos a percatar de algunas cosas, como por ejemplo
la respuesta que Dios le da a Habacuc, cómo Habacuc acepta esa respuesta en
primera instancia, el descanso de Habacuc en la soberanía de Dios y por último
un hermoso cántico de exaltación de Habacuc hacia Dios.
La respuesta que Dios dio al
profeta a sus preguntas, dejó tan sorprendido a Habacuc que éste no logra
comprender qué se tramaba Dios con todo eso. Dios le responde que él aplicaría
justicia con un pueblo injusto, aún más descarrilado que el mismo pueblo de
Israel “¡Miren a las naciones! ¡Contémplenlas y quédense asombrados! Estoy
por hacer en estos días cosas tan sorprendentes que no las creerán aunque
alguien se las explique. Estoy incitando a los caldeos, ese pueblo despiadado e
impetuoso, que recorre toda la tierra para apoderarse de territorios ajenos.” (Habacuc
1:5-6) Frente a esta respuesta, Habacuc queda aturdido, su mente humana y
finita no da lugar para la aparente irracional respuesta de Dios y nuevamente
realiza una “queja” diciendo: “Son tan
puros tus ojos que no puedes ver el mal; no te es posible contemplar el
sufrimiento. Por qué entonces toleras a los traidores? ¿Por qué guardas
silencio mientras los impíos se tragan a los justos? Has hecho a los hombres
como peces del mar, como reptiles que no
tienen jefe. Babilonia los saca a todos con anzuelo, los arrastra con sus
redes, los recoge entre sus mallas, y así se alegra y regocija” (Habacuc 1:13-15)
Me siento tan identificada con
este profeta, ya que en mi humanidad y carnalidad, no doy cabida a la hermosa y
sorprendente soberanía de Dios. Mis pensamientos no dan a lugar a que Sus
Pensamientos son completamente diferentes a los míos “Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros
caminos mis caminos, dijo Jehová. Como son más altos los cielos que la tierra,
así son mis caminos más altos que vuestros caminos, y mis pensamientos más que
vuestros pensamientos.” (Isaías 55:8-9) y me ha costado mucho aprender a
descansar en su señorío.
Habacuc, a pesar de no
entender a Dios, éste no perdió su fe y realiza una declaración potente "El insolente no tiene el alma recta, más el justo por la fe vivirá" (Habacuc 2: 4), la
cual involucra nuestro sustento a tal punto que se declara implícitamente en todo
el Nuevo Testamento por el mismo Jesús y sus discípulos (Mateo 9:2, 22,29, Mateo 15:28, 17:20,
21:21,23:23, Marcos 2:5, 4:40, 5.34, 10:52, 11:22, Lucas 5:207:9, 7:50, 8:25,
8:48, 17:5-6, 17.1918:42, 22:32, Hechos 3:16, 6:7, 11:27, 14:9) Por sólo
nombrar algunos, y explícitamente en Romanos 1:7 , sin embargo, me quiero detener en Hechos 14.22 “confirmando los ánimos de
los discípulos, exhortándoles a que permaneciesen en la fe, y diciéndoles: Es
necesario que a través de muchas tribulaciones entremos en el reino de Dios”.
Muchos cristianos que pasan
por tribulaciones y dificultades, y al sentir que Dios guarda silencio a
grandes interrogantes o dificultades, decaen en el camino y pierden la fe,
dejando de perseverar en ella. ¿Buscamos a Dios a pesar de que pensemos que
Dios esté sordo? ¿Realmente Dios habrá quitado sus ojos, oídos y atención de
mí? (esta respuesta
está en dos post anteriores en mi blog) Entonces dudamos de los
atributos de Dios y no logramos comprender que El silencio de Dios habla de su Soberanía.
Es necesario entender que "sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan" (Hebreos 11.6) Las dificultades no pueden apartarnos de su amor "¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Tribulación o angustia o persecución, o hambre o desnudez o peligro o espada? (...) Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente ni lo por venir, ni lo alto ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro" (Romanos 8:35-39)
Por otro lado, debemos comprender que Dios responde en su tiempo, no en el nuestro “Yo sé los planes que tengo para ustedes, planes para su bienestar y no para su mal, a fin de darles un futuro lleno de esperanza. Yo, el Señor, lo afirmo.” (Jeremías 29:11) Dios usaría a los Caldeos para hacer justica (en ese tiempo los Caldeos no era una nación importante o reconocida)
Por otro lado, debemos comprender que Dios responde en su tiempo, no en el nuestro “Yo sé los planes que tengo para ustedes, planes para su bienestar y no para su mal, a fin de darles un futuro lleno de esperanza. Yo, el Señor, lo afirmo.” (Jeremías 29:11) Dios usaría a los Caldeos para hacer justica (en ese tiempo los Caldeos no era una nación importante o reconocida)
¿Cómo reaccionamos cuando la
respuesta de Dios es diferente a lo que nosotros esperamos? Dios siempre nos da
respuesta, sólo que no somos capaces de darnos cuenta de esto, porque no es lo
que esperamos, y regularmente la respuesta que esperamos es dejar de sufrir.
C.S Lewis dijo algo muy interesante de analizar y quizás de aplicar a nuestra
vida en momentos difíciles o de muchas luchas con Dios, la frase es la
siguiente: “El dolor es el megáfono que
Dios utiliza para despertar a un mundo de sordos” Entonces pregunto, ¿quién
realmente es el sordo?
Entonces, ¿ qué debemos hacer
cuando no entendemos el método de respuesta de Dios? Habacuc lo redujo en cinco
pasos fundamentales:
1. Detenerse
a pensar quién es Dios. “¡Tú, Señor,
existes desde la eternidad! Habacuc 1:9a
2. Recordar
los atributos que conocemos de Dios. ¡Tú,
mi santo Dios, eres inmortal! Habacuc 1:9b
3. Tomar
esos atributos y atribuirlos al problema. Tú,
Señor, los has puesto para hacer justicia; tú, mi Roca, los has puesto para
ejecutar tu castigo” Habacuc 9c
4. Si
aún no encontramos respuesta, oremos y dejemos que Él actúe. “Me mantendré alerta, me apostaré en los terraplenes; estaré
pendiente de lo que me diga, de su respuesta a mi reclamo.” Habacuc 2:1
5. Alabemos
a Dios, porque para siempre es su misericordia. “Señor, he sabido de tu fama; tus obras, Señor, me dejan pasmado. Realízalas
de nuevo en nuestros días, dalas a conocer en nuestro tiempo; en tu ira, ten
presente tu misericordia.” Habacuc 3:2
“Aunque la higuera no dé renuevos, ni haya
frutos en las vides; aunque falle la cosecha del olivo, y los campos no
produzcan alimentos; aunque en el aprisco no haya ovejas, ni ganado alguno en
los establos; aun así, yo me regocijaré
en el Señor, ¡me alegraré en Dios, mi libertador! El Señor omnipotente es mi
fuerza; da a mis pies la ligereza de una gacela y me hace caminar por las
alturas.” Habacuc 3: 17.19

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