miércoles, 4 de noviembre de 2015

El Cántico de Habacuc



La primera queja de Habacuc (1: 1-4)

¿Hasta cuándo, Señor, he de pedirte ayuda sin que tú me escuches? ¿Hasta cuándo he de quejarme de la violencia sin que tú nos salves?  ¿Por qué me haces presenciar calamidades? ¿Por qué debo contemplar el sufrimiento? Veo ante mis ojos destrucción y violencia; surgen riñas y abundan las contiendas. Por lo tanto, se entorpece la ley  y no se da curso a la justicia. El impío acosa al justo, y las sentencias que se dictan son injustas.

El profeta menor Habacuc, es también conocido como el profeta del “Hasta cuándo” debido a cómo se enfrenta en oración y queja hacia Dios. Pero pocos conocen que el significado de Habacuc es “El que abraza” aludiendo al consuelo que Dios entrega a la misma oración y queja del profeta.

Si analizamos  un poco el contexto donde Habacuc escribe este libro, nos encontraremos con una civilización no muy distinta a la cual vivimos hoy en día. Siendo también contemporáneo al del profeta Jeremías, Habacuc se encuentra frente una sociedad turbulenta, donde la presión social, el mal uso del poder político y legislativo y el propio comportamiento desobediente ante la Ley de Dios del pueblo de Israel, mantenían el corazón del profeta inquieto, dolorido y sofocado, por lo que decide hacerle la siguiente pregunta a Jehová  ¿Hasta cuándo, Señor, he de pedirte ayuda sin que tú me escuches?...  ¿Le han hecho alguna vez esta pregunta a Dios? Yo la he hecho en más de una ocasión.

Habacuc, observaba a su alrededor  un caos social (cómo no relacionarlas cuando miramos las noticias o leemos los periódicos) y se preguntaba ¿Dónde está Dios? La tiranía de los reyes injustos, las cortes corrompidas y deshonestas.
El sentimiento de Habacuc, frente a los acontecimientos, fue apreciar que Dios estaba ausente e indolente frente a todo lo que veían sus ojos. (Un sentimiento similar al de Job) y entonces decide “encarar” a Dios.

A lo largo de mi corta vida, me he encontrado a mí misma encarando a Dios desde la rabia y la impotencia, y he escuchado el silencio de Dios por largos años, de los cuales mi corazón estuvo oprimido, desolado y el gozo de la Salvación había decaído. No me centré en lo que Dios quería hacer al permitirme vivir en ese caluroso desierto, no me percataba que Él era la fuente, sino más bien buscaba el agua en oasis imaginarios, provocados por el delirio.

Si bien Habacuc abrió su corazón y pudo expresarle, desde sus entrañas, sus desesperadas preguntas a Dios, esto no quedó sólo en una larga lista de quejas y cuestionamientos, si leemos completamente el libro, nos vamos a percatar de algunas cosas, como por ejemplo la respuesta que Dios le da a Habacuc, cómo Habacuc acepta esa respuesta en primera instancia, el descanso de Habacuc en la soberanía de Dios y por último un hermoso cántico de exaltación de Habacuc hacia Dios.

La respuesta que Dios dio al profeta a sus preguntas, dejó tan sorprendido a Habacuc que éste no logra comprender qué se tramaba Dios con todo eso. Dios le responde que él aplicaría justicia con un pueblo injusto, aún más descarrilado que el mismo pueblo de Israel “¡Miren a las naciones!     ¡Contémplenlas y quédense asombrados! Estoy por hacer en estos días cosas tan sorprendentes que no las creerán aunque alguien se las explique. Estoy incitando a los caldeos, ese pueblo despiadado e impetuoso, que recorre toda la tierra para apoderarse de territorios ajenos.” (Habacuc 1:5-6) Frente a esta respuesta, Habacuc queda aturdido, su mente humana y finita no da lugar para la aparente irracional respuesta de Dios y nuevamente realiza una “queja” diciendo: “Son tan puros tus ojos que no puedes ver el mal; no te es posible contemplar el sufrimiento. Por qué entonces toleras a los traidores? ¿Por qué guardas silencio mientras los impíos se tragan a los justos? Has hecho a los hombres como peces del mar,  como reptiles que no tienen jefe. Babilonia los saca a todos con anzuelo, los arrastra con sus redes, los recoge entre sus mallas, y así se alegra y regocija” (Habacuc  1:13-15)
Me siento tan identificada con este profeta, ya que en mi humanidad y carnalidad, no doy cabida a la hermosa y sorprendente soberanía de Dios. Mis pensamientos no dan a lugar a que Sus Pensamientos son completamente diferentes a los míos “Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos, dijo Jehová. Como son más altos los cielos que la tierra, así son mis caminos más altos que vuestros caminos, y mis pensamientos más que vuestros pensamientos.” (Isaías 55:8-9) y me ha costado mucho aprender a descansar en su señorío.

Habacuc, a pesar de no entender a Dios, éste no perdió su fe y realiza una declaración potente "El insolente no tiene el alma recta, más el justo por la fe vivirá" (Habacuc 2: 4), la cual involucra nuestro sustento a tal punto que se declara implícitamente en todo el Nuevo Testamento por el mismo Jesús y sus discípulos  (Mateo 9:2, 22,29, Mateo 15:28, 17:20, 21:21,23:23, Marcos 2:5, 4:40, 5.34, 10:52, 11:22, Lucas 5:207:9, 7:50, 8:25, 8:48, 17:5-6, 17.1918:42, 22:32, Hechos 3:16, 6:7, 11:27, 14:9) Por sólo nombrar algunos, y explícitamente en Romanos 1:7 , sin embargo, me quiero detener en  Hechos 14.22 “confirmando los ánimos de los discípulos, exhortándoles a que permaneciesen en la fe, y diciéndoles: Es necesario que a través de muchas tribulaciones entremos en el reino de Dios”.

Muchos cristianos que pasan por tribulaciones y dificultades, y al sentir que Dios guarda silencio a grandes interrogantes o dificultades, decaen en el camino y pierden la fe, dejando de perseverar en ella. ¿Buscamos a Dios a pesar de que pensemos que Dios esté sordo? ¿Realmente Dios habrá quitado sus ojos, oídos y atención de mí? (esta respuesta está en dos post anteriores en mi blog) Entonces dudamos de los atributos de Dios y no logramos comprender que El silencio de Dios habla de su Soberanía.

Es necesario entender que "sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan" (Hebreos 11.6) Las dificultades no pueden apartarnos de su amor "¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Tribulación o angustia o persecución, o hambre o desnudez o peligro o espada? (...) Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente ni lo por venir, ni lo alto ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro" (Romanos 8:35-39)

Por otro lado, debemos comprender que Dios responde en su tiempo, no en el nuestro “Yo sé los planes que tengo para ustedes, planes para su bienestar y no para su mal, a fin de darles un futuro lleno de esperanza. Yo, el Señor, lo afirmo.” (Jeremías 29:11) Dios usaría a los Caldeos para hacer justica (en ese tiempo los Caldeos no era una nación importante o reconocida)

¿Cómo reaccionamos cuando la respuesta de Dios es diferente a lo que nosotros esperamos? Dios siempre nos da respuesta, sólo que no somos capaces de darnos cuenta de esto, porque no es lo que esperamos, y regularmente la respuesta que esperamos es dejar de sufrir. C.S Lewis dijo algo muy interesante de analizar y quizás de aplicar a nuestra vida en momentos difíciles o de muchas luchas con Dios, la frase es la siguiente: “El dolor es el megáfono que Dios utiliza para despertar a un mundo de sordos” Entonces pregunto, ¿quién realmente es el sordo?

Entonces, ¿ qué debemos hacer cuando no entendemos el método de respuesta de Dios? Habacuc lo redujo en cinco  pasos fundamentales:

1.       Detenerse a pensar quién es Dios. “¡Tú, Señor, existes desde la eternidad! Habacuc 1:9a
2.        Recordar los atributos que conocemos de Dios. ¡Tú, mi santo Dios, eres inmortal! Habacuc 1:9b
3.       Tomar esos atributos y atribuirlos al problema. Tú, Señor, los has puesto para hacer justicia; tú, mi Roca, los has puesto para ejecutar tu castigo” Habacuc 9c
4.       Si aún no encontramos respuesta, oremos y dejemos que Él actúe. “Me mantendré alerta,     me apostaré en los terraplenes; estaré pendiente de lo que me diga, de su respuesta a mi reclamo.” Habacuc 2:1
5.       Alabemos a Dios, porque para siempre es su misericordia. “Señor, he sabido de tu fama; tus obras, Señor, me dejan pasmado. Realízalas de nuevo en nuestros días, dalas a conocer en nuestro tiempo; en tu ira, ten presente tu misericordia.” Habacuc 3:2




“Aunque la higuera no dé renuevos, ni haya frutos en las vides; aunque falle la cosecha del olivo, y los campos no produzcan alimentos; aunque en el aprisco no haya ovejas, ni ganado alguno en los establos;  aun así, yo me regocijaré en el Señor, ¡me alegraré en Dios, mi libertador! El Señor omnipotente es mi fuerza; da a mis pies la ligereza de una gacela y me hace caminar por las alturas.” Habacuc 3: 17.19 


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