Hace algunos días he comenzado a pensar sobre el tiempo, y sí que he pensado. Desde el tiempo Cronos como el Tiempo Kairos.
El tiempo Cronos es aquel que conocemos diariamente, minuto a minuto, segundo a segundo, es el que marca la hora de nuestros relojes. En cambio el tiempo Kairos, es el tiempo de Dios, un tiempo extraño para nosotros como simples carnales. Un tiempo ambiguo, aveces lentos, a veces rápido, a veces detenido, etc
Pero, como Seres Humanos espirituales, algo de ese tiempo Kairos siempre está presente en nuestra vida, o más bien, debería estar presente en nuestra vida.
Desde la expanción del universo que Dios fusionó esos dos tiempos, nunca estando separados uno del otro, pero siempre privilegiando uno del otro, tanto para Él como para nosotros. La pregunta es... qué tiempo está presente en nuestra vida? o cuál de los dos tiempos cobra más relevancia en nuesro día a día.
Básicamente el primero, ese moldea nuestro levantar y acostar, pero no moldea nuestro pasado , presente o futuro en su mamera holística, si no que es el tiempo Kairos aquel que está sobre nosotros.
Aunque no lo queramos, el tiempo de Dios siempre cobrará más relevancia que un simple vistazo a nuestro reloj o nuestro calendario, ya que lo que nuestros ojos ven o lo que podamos sentir, se limita a lo grandioso que puede llegar a ser la visión de Dios y el sentimiento de Dios para con nosotros. " Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos, dijo Jehová.Como son más altos los cielos que la tierra, así son mis caminos más altos que vuestros caminos, y mis pensamientos más que vuestros pensamientos" (Isaias 55:8-9)
Y esto es lo que debemos entender, ya que si Dios no piensa y no camina como nosotros lo hacemos, pues mucho más grande es su pensamiento para nosotros, queriendo que caminemos por un camino guiado por Él, guiado por su tiempo Kairos, el tiempo de Dios y los planes de Dios. "Porque yo sé muy bien los planes que tengo para ustedes —afirma el Señor—, planes de bienestar y no de calamidad, a fin de darles un futuro y una esperanza" (Jeremias 29: 11) y es allí donde debemos depositar nuestra confianza, en que sus pensamientos y sus planes son de bien para nosotros. Debemos sacarnos de la mente el Dios que desde el cielo nos tira rayos cada vez que pecamos, si bien toda acción tiene su consecuencia, Dios es el que da esa consecuencia, y por medio de su palabra vemos que esas "consecuencias" están guiadas por un Dios de amor y misericordia con un futuro de esperanza... Cristo es nuestra esperanza, y nuestra Esperanza Viva.
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